3 mar. 2009

El Poder de los Cuentos


"Érase una vez..." Sólo la lectura o mención de esta frase es capaz de evocar en casi todos nosotros un caudal de sensaciones y recuerdos capaces, por sí mismos, de trasladarnos a ese maravilloso mundo mítico donde habitaban dragones y bellas princesas, lobos feroces y castillos encantados, héroes magníficos y brujas perversas, bosques mágicos y hadas envueltas en luces de colores. Pero, ¿son los cuentos algo más que inocentes fantasías destinadas a entretener a niños? ¿Es posible que estas maravillosas narraciones cargadas de personajes mágicos e irreales puedan portar mensajes valiosos para los adultos? La respuesta es sí: el cuento es un espejo mágico en el que se nos invita a penetrar para reconocernos.
Para la mayoría de nosotros, el mundo de los cuentos quedó en la infancia. En una niñez en la que convivían sin conflictos el mundo real con un universo de fantasía. Aquella cacerola que arrastrábamos por el pasillo, repleta de objetos inimaginables, ya no fue nunca más un poderoso barco lleno de piratas en busca de aventuras. La muñeca de trapo dejó de comer en su plato de botón de abrigo azul y de beber en su dedal. El paso de los años nos arrebató la fantasía. El pantalón largo en los chicos y el primer sujetador en las chicas nos separaron de un tiempo y un lugar donde sí vivían unicornios, sí existían las hadas y sí aparecían monstruos en la oscuridad.

De pronto nos dijeron que todo eso no existía, era algo sólo para los niños... y ya no lo éramos, y ya no lo volveríamos a ser jamás...
Tampoco ya nadie nos lee cuentos para dormir, aquellos cuentos que derramaban su magia sobre nuestra almohada, ayudándonos a abandonarnos en el sueño mientras acompañábamos a Caperucita por el bosque o volábamos junto a Peter Pan.
Nadie nos explicó tampoco que aquellos libros nunca fueron escritos para dormir a los niños, sino para despertar en los hombres la conciencia de sí mismos.


CUENTO DEL ELEFANTE ENCADENADO: Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?
Cuando tenía 5 o 6 años pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí ,alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...

HOY LA ESENCIA DE LOS CUENTOS SE PUEDE OLER EN CIERTAS PELÍCULAS...
Para aquellos que aún no la hayan disfrutado: "El Primer Caballero"




14 Comments:

Técnico Bloguista said...

re linda historia y muy psicológica. Una prgunta que solemos hacernos todos, creo, la del final del cuento.

Ester said...

Yo siempre me he resistido a salir de ese mundo, hasta día de hoy. Acabaré como el quijote, con sobredosis de fantasia, jejejeje. Cuando mi madre me confirmó que los reyes eran los padres le pregunté, desesperada- Pero el ratoncito Pérez sí que es de verdad ¿no?-.

Muchas gracias por hacerme empezar bien el día, un beso

Ester

Eli said...

Yo creo que el poder de los cuentos reside en la esperanza hacia un mundo mejor, por lo que nunca desaparecerán.

Ya veo, Laura, que has escogido uno de los grabados de Nicoletta Ceccoli.
Me encanta la cualidad onírica de sus ilustraciones. Si quieres mirar alguna más, yo puse aquí unas cuantas:
http://cyclotimia.blogspot.com/2008/10/dormirtal-vez-soar.html

Besos!!!

francisco said...

Es un cuento que deberían explicar en todas las facultades de Psicología porque responde a muchas preguntas y abre un camino a las soluciones.
Saludos.

ethan said...

No conocía el cuento del Elefante, pero tienes razón: es casi mas útil a las personas adultas, es como el conocido asunto del "Banco pintado".
Lástima que los elefantes tengan tan buena memoria, en este caso les hace un flaco favor.
Saludos!

Andrea said...

Estoy con Francisco, puedes ver muchas cosas a través de ese cuento. Me alegra que hayas vuelto, ya te echábamos de menos. Un beso.

Casa de Los Cuentos said...

Hola Laura

Al amanecer, antes de salir de casa, leo un cuento. Luego, dentro de una botella bien tapada lo lanzo al mar y así dejo un rastro para poder regresar.

Luego preparo un morralito y me voy de paseo por la red en busca de contadores de cuentos, letras nuevas, para aprender y compartir. Me encontré "El Diván del Infeliz" y (hoy si he tenido suerte) aquí estoy leyendo.

Sinceras felicitaciones por el texto de El Poder de los Cuentos.

Desde ya sea usted bienvenida a mi Casa.

Un saludo desde Mérida-Venezuela. Jabier.

Tordon said...

Preciosa reflexión, doctora, sobre la magia de la infancia, y sobre la triste resignación que , en ocasiones ,se adueña de nuestra existencia.
Y aunque echemos de menos a nuestros héroes infantiles, deberemos concluir con Rostand:"Ser adulto es estar solo"
Bss

mmarin said...

La resignación es la muerte en vida.Así que yo, personalmente , voy a escribir el final-comienzo de mi propio cuento.A ver cómo se desarrolla.
Besote wapa!!! Y ya me cuentas lo del curro.(Suerte)

Angel said...

Un cuento lo es todo cuando tiene los elementos necesarios en el que recibe la historia: un niño. Cuando el que escucha esa historia es un adulto, pierde el encanto, embrujo, hechizo...

Un saludo

Laura M. Cañamero said...

El final del cuento es la moraleja que esconde... nosotros mismos. Saludos Técnico.

Gracias a ti Ester por estar siempre por aqui y por conservar la magia.

He visto las ilustraciones, Eli. Son maravillosas. Elegí esta porque me parece realmente especial. Un abrazo.

Francisco... tienes toda la razón. En las facultades de Psicología deberían enseñar cosas muy importantes. Pero La ciencia por la ciencia, a costa del alma!

Sí, Ethan! Se te ocurre alguna pelicula que se asemeje al poder de los cuentos?

Gracias, Andrea. Estaba un pelín en mi mundo. Os echaba de menos, la verdad. Cómo va la publicación?

Cuentos... gracias por la visita. Me parece, la suya, una costumbre realmente extraordinaria! Un saludo.

Tordón... hoy ya no sabemos disfrutar de la soledad y... se aprende tanto de ella!
No se pierda usted entre tantas ponencias y vuelva pronto.

María! Te quiero, nena.

Ángel... yo pienso que los adultos que quieren entender entienden. Resulta aún más fácil con palabras que entiende hasta un niño.
A Xoco seguro que tambien le encantan las moralejas! Tiene un humor agudo!

ethan said...

Muchas, muchas pelis tienen ese poder. Así, sin pensar mucho se me ocurren algunas de Chaplin, como "Luces de la ciudad" o "Candilejas". Los años han pasado por ellas, pero el poder no ha hecho más que crecer.
Saludos!

Pele Ón said...

Vamos a ver: ¿qué puedo hacer yo para arreglar esto? porque hay un niño que escucha, y un adulto que escenifica, representa el cuento. Si te tengo que contar un cuento a tí, ya sabes para qué es, mi querida psicoasistente, pero cuando le cuento un cuento a un niño, lo vivo con él.
La solución, como digo: volver a vivirlo, contárselo a quien nos quiera escuchar con todo el amor que se sembró en nosotros y que ha germinado. Yo lo he hecho este finde, y de verdad que se revive.

Elvira said...

Conocía este cuento, tiene una buena moraleja. Gracias por recordarlo. Saludos