4 abr. 2011

El Azul no es un color


La vida es un instante que se inhala casi sin darnos cuenta. Se va soltando poco a poco al principio, y un día… uno como cualquier otro… no hemos tenido tiempo para valorar qué hemos hecho con ella.

Me pregunto qué sentiría al burlar las horas y suspenderme en los días. Si todos los relojes del mundo se quedasen durmiendo sin energía, qué pasaría…

No hace mucho, cuando corría, alguien me dijo que si hay preguntas… siempre ha de haber respuestas.

Cuando pienso en el tiempo, abro el álbum de fotografías que guardo en alguna parte de mi cerebro. Localizo una imagen en escala de grises y la ubico cronológicamente. Las líneas me llevan a un contorno y éste evoca un abanico de sentimientos. No es un proceso sencillo y conlleva un elevado gasto energético. Cuando me pongo a observar la imagen estoy tan cansada que se me ha ido “el santo al cielo”.

Recuerdos y preguntas… preguntas y recuerdos...

¿Acaso la vida no es lo suficientemente corta como para perdernos continuamente en ellos?

¿Es necesario quedarse sin aire y exhalar para sentirse ahogar con una soga al cuello?

Debo ser afortunada porque he conseguido hacer una pausa y emocionarme observando cómo levita mi cuerpo.

Si esta ingravidez resultara ser mi último aliento, este instante así… sería perfecto.

Siempre se puede pedir más, pero no tiene sentido anhelar si no quieres hacerlo.

Hoy el Sol atraviesa la Lluvia, y sobre el Mar, yo veo el Océano. Desde el Océano… diviso el Cielo. Y aunque nunca llegue a tocarlo, creerme, para mí es suficiente poder verlo.

Un instante cambia una vida, porque absorbe de golpe todo su tiempo…