6 sept. 2010

Lluvia



El mundo es un lugar realmente grande...

Puedo observarlo desde la mirilla de mi puerta. Y hoy tengo la llave para abrirla y empezar a caminar tenga o no una dirección previamente establecida.

Eran poco más que las seis de la tarde. Llevaba todo el día haciendo Sol pero yo sabía que al final del día terminaría por llover.

El día había trancurrido como cualquier día corriente y moliente. Nada especial. Todo tenía el mismo olor fétido que había estado oliendo los últimos días. Nada tenía un sabor particularmente diferente. Todo me resultaba extremadamente monótono.
Aún hoy, cuando intento repasar cada momento previo a la lluvia, las imágenes se entremezclan y no puedo atribuir cuál fué su significado entonces. Las gotas de agua ya no caen con la misma inclinación que lo hacían.

Alguna fuerza incomprensible me llevaba a pensar que todo iba a cambiar en el momento menos pensado.

En mi casa hay un cuarto al que llamo "desastre". Hasta que cambié de armario su marco estuvo cosido con retazos de lamentos de lo que podía haber sido.

Su ventana guardaba mil y una fotografías de otros tiempos. Tiempos que había ido levantando uno a uno hasta desprenderme de cualquier carga del pasado... hasta convertir la carga en la maleta de mis conocimientos.

Así es la vida... Un potencial que se mece entre las pérdidas y las ganancias. Una continua lucha de poder en la que no quieres ser vencido.

Llevaba puesto un short estilo "muy americano", una camiseta vieja "de hacer deporte" y unos calentadores a rayas que me llegaban casi a la altura de la rodilla.

Llevaba puesto un conjunto de lamento y aburrimiento ornamentado con sueños que eran viento. Sueños que volaban alto esperando el momento.

Recuerdo que todo se encontraba especialmente desordenado. La ropa del fin de semana pasado estaba tirada por el suelo. También un pijama y ropa interior que tenía que echar a lavar. Era un caos molesto y agotador que me estaba quitando la vida pero que yo permitía.

En este mi "desastre", sobre la ventana de aquel entonces mi "armario", yacían apoyadas mis ruedas. Habían corrido largos kilometros durante los últimos días.

Mi prisa vital estaba intentando ser contenida.

Abrí la mirilla, el ascensor no funcionaba (menudo día!), bajé escaleras abajo precipitando una caída. Calcé mis patines. Los rodamientos podían aguantar un último viaje.

Instalé en mis orejas los auriculares de mi iPhone. Tenía que sincronizar una emisora que me dejara llevar como por inercia.

Puse la música a todo volúmen y abrí la última puerta.

Ya nunca nada me iba a hacer sentir como si viviera en un barco a la deriva.

Mi pelo era aire. Mis ojos, luz. Mis pies levitaban sobre un océano de fuego. Mis manos flotaban en un eterno mar en calma. Mi alma latía y mi corazón soñaba.

Me encontraba en un punto muy lejano al bullicio. Libre... expansiva... fluída.

Eran poco más de las ocho de la tarde. Sin embargo, algo me decía que ya no tenía prisa. Mi ansiado Sol caía y dejaba paso a la Luna que ya no quería seguir dormida. Los túneles se habían agotado y llegaban a su término en un banco de madera roída. Me senté en él. Estaba exhausta tras tanta huída. Mi luz se mantuvo observando como se agotaba, finalmente, el día.

Su presencia sonó a tambores. Ritmos de países lejanos y de paisajes cercanos. Su voz me desgarró como la primera y única vez que había querido oirla.

Su boca sabía a sal. Sabía a mar... Mi, seguro, mar en calma con muchas precipitaciones.

Y supe que, al fin, llovía.


10 Comments:

Slipper said...

Y el final... el final es el principio de mi inmensa satisfacción, de mi
verdadero orgasmo

Su boca sabía a sal. Sabía a mar... Mi, seguro, mar en calma con muchas precipitaciones.

Y supe que, al fin, llovía.

Te odio, no se si me entiendes pero te odio. Estoy tirado en mi trinchera, lleno de barro, y sólo puedo odiarte por dejarme aquí tirado, con este agujero por el que ha entrado tú letra


Te odio

Los rumores del Clamores said...

Su boca sabía a sal, a mar... pero con la fuerza intempestiva que el Cantábrico infiere a las olas que llegan, barren y dejan, finalmente, los leves surcos en la orilla, alejándose para volver a adentrarse y mezclarse de nuevo con otras olas. Tal vez nunca sabremos si esa ola, que llegó una vez a nuestra vida y dejó su huella, vuelva alguna vez a aparecer en la misma orilla, o recalará en otra lejana; lo único cierto es que ha llovido, y la pureza del agua se ha visto enturbiada por las tempestades que, de manera intencionalmente fortuíta ( y permítaseme el oxímoron), aparecen provocadas por el conjuro derivado de la suma de amargos lamentos silenciados.
Tal vez, en estos momentos, se prefiera la mansedumbre del arroyo, su periódico ritmo, su hipnótico sonido y su lenitivo transcurrir. Pero, por mucho que nos alejemos de la orilla, el ruido de las olas acudirá, con cierto eco, siempre a nuestro oído adormecido.
La caracola del destino sabrá cuando apagarse...

Shhhh, no hablen, escuchen: sigue lloviendo...

P.D: nena, yo te quiero ;) Aguantemos la vista en la proa, dirigiendo nuestro barco.

Miguel Ángel Gómez said...

Solo debiera llover fuera de mí, y dentro del poema...

Pele Ón said...

Para haber dormido 100 años, el príncipe te ha dejado un buen despertar.
Bss verdes...

Tordon said...

Estimada Doctora:

Percibo en su retorno un halo poético y otoñal.

Y su relato me recuerda lo que decía Verlain, Príncipe de los poetas parisinos: "Llueve en la ciudad como llueve en mi corazón"

Besotes

Laura M. Cañamero said...

Slipper!? Bienvenido a mi Divan y espero que sea para quedarte.
Amigo, entiendo perfectamente que me quieres decir cuando me odias. Y me encanta! Muchisimas gracias.
Como te dije... haz del barro las paredes de tu futuro hogar.
Hoy añado que la mejor defensa es un buen ataque... asi que te animo a que salgas de tu trinchera.

Tengo que dar las gracias a todos los que siempre estas ahi, pero, especialmente a ti, por incitarme de nuevo a escribir y a mi historia de vida.

Laura M. Cañamero said...

Mi dulce niña...
Mis tempestades ya hace tiempo que se fueron lejos. Recuerdo como me ancle estupidamente a la popa e intentaba que no me llevara con el a la deriva.
Ahora surco un mar infinito queriendo compartir mi timon con un compañero de viaje. Tu ya sabes quien es aunque no lo conozcas. Tu ya sabes que es mi Sherpa. Estoy tan segura de su grandeza que soy capaz de dormir profundamente mientras el nos navega.
Me conoces... sabes que no me resulta facil dejar que dirijan mi barco... pero es que las caracolas del destino me llaman a un lugar que solo existia en mis sueños.
Por ahora el viento sopla en contra pero yo diviso a lo lejos la costa. Mientras, duermo.
Siempre soñando... No soy de esas personas que pierden el tiempo por tener miedo. Soy de esas personas que lucha por sus sueños.
Y mis sueños... solo tu y yo, probablemente sabemos que son.

Laura M. Cañamero said...

Muchas gracias Miguel Angel.
Dentro del poema caen gotas de lluvia que fueron mar.
Un saludo y bienvenido.

Laura M. Cañamero said...

Amigo PeleOn
Fueron 100 años de sueños y pesadillas. Mi Principe me trajo un cafe bien grande a la cama, un domingo cualquiera por la mañana, y me cambio el humor. Que ya era hora!!!

Laura M. Cañamero said...

Señor Tordon
No sabe cuantas ganas tengo, al fin, de Luna!
Llueve en la ciudad... las gotas que caen van tocando, una a una, un rinconcito seco de mi corazon.
Aun no puedo imaginarme paseando por las calles de Paris pero si, soñando por las de Venecia.